miércoles, 28 de marzo de 2007


La tolerancia..., ¿es buena o es mala?
Ese difícil discernimiento del que hemos hablado, hace que la tolerancia presente siempre un riesgo de aplicarse erróneamente, tanto por exceso como por defecto.
Esta inevitable ambivalencia, propia de todas las virtudes y valores morales, debe tenerse siempre en cuenta, para no caer en ninguno de los dos extremos:
Tan erróneo sería pasarsede intolerantecomo de tolerante.
—De todas formas, supongo que es mejor pasarse de tolerante que de intolerante, digo yo.
En este punto conviene precisar bien el sentido de las palabras, pues varía bastante si hablamos de tolerancia en su sentido más específico (permitir un mal), o en sentido amplio (respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás).



LA TOLERANCIA

Casi todo el mundo se preguntará: ¿Qué es la tolerancia?
Pues bien, la tolerancia es la capacidad de conceder la misma importancia a la forma de ser, de pensar y de vivir de los demás que a nuestra propia manera de ser, de pensar y de vivir. No es necesario compartir una opinión para ser capaz de considerarla tan válida como cualquier otra. Lo que se necesita es tratar de ponerse en el lugar de los demás. Desde cada perspectiva, las cosas se ven de una manera diferente. Por eso, escuchando la opinión de cada persona, nos permite valorarla mejor.

Un ejemplo de esto:

Armando Liante no era un mal estudiante, pero siempre resultaba algo cargante. Se pasaba la vida protestando. Mientras los demás estaban dialogando. Y a cada momento decía el muy tunante: ¡Me parece que no eres nada dialogante! Pero en él esta frase tan frecuente resultaba muy poco convincente, y los demás se pasaban la vida comentando: ¡Tendrá cara! ¡Si es él quien anda molestando! ¡Es curioso que presuma de modales con esas maneras suyas tan informales!. ¿Cómo puede decir que es estupendo, si arma siempre unos líos tan tremendos? ¡No me empujes mas!, gritaba cada vez que empujaba a Blas. Esos niños se burlan de mí, decía, sacando la lengua a Koffi. Siendo mis costumbres las mejores, ¡cómo es posible que tú no las valores!, exclamaba muy descaradamente sin respetar la forma de vida de la gente. Y es que es mucho más fácil ver en otroslos mismos defectos que tenemos nosotros. En cambio, qué complicado es percibir los gustos dentro de nosotros mismo.